Texto y fotos: Evelyn Flores

Apenas comienzan las lluvias, y ellos empiezan a asomar sus cabezas. Como gnomos apenas despertándose, de entre la tierra, los troncos y la hojarasca van tapizando el suelo de diferentes formas y colores. ¡Incluso de sabores! Son los hongos del bosque, muchos de los cuales son comestibles y una delicia para el paladar más exigente. Además altamente nutritivos en vitaminas, minerales e incluso proteínas.

Pero encontrarlos y sobre todo identificarlos (porque hay los que no son comestibles e incluso peligrosos) requiere ojos y manos expertas. Normalmente la gente de las comunidades aledañas a los bosques es la mejor capacitada para dar con ellos. Desde tiempos ancestrales los consumen en sus familias. En tiempo de lluvias pueden constituir hasta el ochenta por ciento de su dieta. También los comercializan en los mercados más cercanos. Y entonces, gracias a las hongueras y hongueros, como se les llama a las personas dedicadas a recolectar estas delicias del bosque, quedan a nuestro alcance. Valle de Bravo y la vecina comunidad de Amanalco han sido agraciados por la naturaleza, y se les reconoce como dos de los puntos con la mayor variedad de hongos comestibles en la república.

En estos meses de lluvia es toda una experiencia encontrarlos tanto en sus bosques como en sus mercados, donde se llegan a comercializar hasta 43 tipos de hongos diferentes.

¡Ve y échales un ojo! ¿Y por qué no también un diente? Seguro que las hongueras te compartirán con gusto alguna de sus recetas.

Nombres vistosos

Existe un estudio de investigadores de la Universidad Autónoma del Estado de México que registra hasta 95 especies de hongos comestibles en la zona, con sus nombres científicos y los comunes, los cuales son muchos más y dan muestra de la riqueza de lenguaje en la región. Los vistosos L. Indigo, que sorprenden por su color a los visitantes de los mercados ya bien entradas las lluvias, se conocen como azulejos, hongos azules, orejas azules o tecomates también azules. De los primeros en surgir son los llamados clavitos o del montón, porque se reproducen en colonias muy numerosas y sólo al comienzo de las aguas.

Paragüitas, borreguitos, soldaditos, gachupines, hongos de tejamanil o señoritas son otros de los que más abundan.

Entre los más valorados por la dificultad para encontrarlos o su sabor se encuentran las cornetitas, orejas de res, clarines o clarinetes; las patitas vidriosas, de escoba o de encino; el hongo de ocote o de rayo, que crece entre los troncos podridos de estos árboles, y que además de un gran sabor tiene un aroma muy agradable. Finalmente, uno de los más codiciados son los panza de venado, amarillos y grandotes, que al igual que las palomas (por blancos), son hongos casi de final de temporada. En palabras de un honguero, para encontrarlos uno debe ser amable con los bosques, “entonces ellos se les revelarán”.